y estoy como un niño con zapatos nuevos

Al llegar, todos me miran como esperando algo nuevo,

y lo que llevo no es nuevo,

es lo de siempre. 

Pero claro, es que lo de siempre, suena a nuevo.

Soy así.

Alguno incluso dice que me admira por mi entereza,

cuando estoy roto por dentro,

porque me falta la mitad del corazón.

Pero no puedo dejar de sonreír,

por tener la oportunidad de enseñar algo que estoy aprendiendo

y que todavía me queda camino por asimilar. 

Puedo empezar por mi primer descubrimiento,…

…que merece la pena vivir sonriendo,

por muchas tortas que te dé la vida.

…Que merece la pena arrimarse a gente con luz,

porque así podremos iluminar más y mejor (y más barato).

Somos muchos los que hemos descubierto esa luz en nuestro interior

a través de grandes luminarias que nos han dejado el camino señalado a recorrer.  

…Porque el camino no acaba aquí,

somos flechas lanzadas a un futuro

que van dejando huellas por donde pasan,

y aunque a veces esas huellas sean muy ligeras, o demasiado profundas,

vamos allanando el terreno para los que nos seguirán. 

…………………………….

Pues en este recorrido me ha tocado ser tutor de unos pequeñines,

aunque a ellos les ofenda, de primero de ESO.

* Son niños en cuerpo de preadolescentes,

con las hormonas en punto de ebullición.

* Cada uno necesita eso, un guía, un apoyo

y una ventana abierta que les indique que es posible salir adelante,

que les levante y apoye cuando caigan.

* Son almas tiernas donde es muy fácil equivocarse,

pero donde ya hay demasiados que les indican que se han equivocado,

pero pocos los que queremos darles la oportunidad de rectificar.

* Son un jardín en barbecho donde aún se puede sembrar. 

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Por no contaros de mis hijos,

Alex y Maite, con una gran pérdida,

pero que son unos valientes

y están madurando a base de golpes

que ninguno quisiéramos recibir. 

Además de una nueva incorporación a nuestra familia,

y que estamos descubriendo que es un tesoro

que nos enriquece,

y una delicada flor arrancada de su maceta,

que también tenemos que aprender a gestionar nuestras pérdidas

e intentar que cada uno vuelva a su terreno. 

Ella todavía no es de nuestra familia,

pero como si lo fuera, mientras está con nosotros

los puentes o fines de semana que puede

abandonar la residencia donde se encuentra

y compartir con nosotros lo buena persona que es,

y que no tiene culpa ninguna de estar donde está.

Mamá, Alex, Maite y yo decidimos el pasado verano

compartir nuestro hogar con ella,

y ahora los tres hemos decidido continuar,

el tiempo que ella quiera,

con esos buenos momentos juntos.

Para mí es una gran ayuda,

y sé que también nosotros somos un gran apoyo para ella.  

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Y por último yo, ¿cómo estoy?,

pues bien.

¿Cómo quieres que esté?,

hecho una mierda,

arrastrándome por el barro,

llorando por los rincones…

pues siento decepcionarte;

no estoy en mi mejor momento

eso es evidente,

pero mi situación no me permite sentarme, ni rendirme.

La vida que compartimos juntos

me llevó a decidir

que sólo hay una opción, avanzar,

pero no a lo loco,

sino siendo plenamente conscientes del presente,

sin dejar que nada ni nadie me lo impida.

Las circunstancias son las que son

y yo sigo siendo el que soy.

No he cambiado,

sí mis circunstancias,

pero no por ello voy a dejar de

seguir aprendiendo,

madurando y

creciendo

junto a aquellos que quieran acompañarme.

¿Me sigues? 

@julianreligion

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